A contra A

El olor de la verdad

Posted in EL OLOR DE LA VERDAD by AcontraA on 3 marzo, 2010

http://www.youtube.com/watch?v=558bTG0D-xg

Audio: “A love supreme” John Coltrane.

Un día de otoño más, como tantos pero de esos que un presentimiento hace que estés al acecho, alerta, atento…  Uno de esos días en los que reconoces en tu vecino a alguien extraño, siniestro, con malas intenciones…

Habíamos quedado en casa de Pablo, si no fuera por ese presentimiento que me rondaba, se trataría de uno de tantos jueves en los que nos reuníamos para hacernos partícipes los unos a los otros de nuestras monótonas vidas y recordar una tras otra las mismas anécdotas. Esas reuniones es lo que tienen, aunque las nuestras, en lo que a anécdotas se refiere, vivían de rentas hace ya ni sé el tiempo.

Ahí estaban los tres cuando llegué, esperando en la cafetería de siempre, justo debajo de casa de Pablo, los tres de siempre, en la mesa de siempre y detrás de la barra Juan el de siempre. Juan era el dueño de “Casa Juan”, un hombre grande, no es que fuera gordo no, era grande todo él, de mediana estatura como casi todos los hombres de su edad. Siempre llevaba camisa de cuadros, siempre callado, en la esquina de la barra con su cigarro y la copa, rodeado de madera, todo madera, parecía que llevaba ahí desde siempre. Uno no se imaginaba a Juan llegando a su casa o haciendo algo diferente a estar ahí de pie.

-¡Lucas, aquí estamos!- Menos mal que me avisan, pensarán que no iba a encontrarlos entre tanta multitud (Juan y ellos tres). Hay que ver cómo nos emocionamos los tíos cuando disponemos de estos ratos de “solo hombres”.

-¡Voy voy!

Me doy la vuelta y ahí tengo la caña, como siempre, y Juan ya está de nuevo en su esquina. Cojo la caña y me dirijo a la mesa con los tres que parece que ya están en canción.

-Bueno! que tío, ¿qué te cuentas de nuevo?

-Nada nuevo, bien y vosotros.

-Nada, todo bien.

Luis parece algo bajo, le pregunto de nuevo si todo va bien y como por arte de magia nuestro encuentro de amigotes se convierte en un Luis cabizbajo y tres amigos sin saber que decir.

-¿Estás bien con Paula?

-Sí sí, como siempre, sin novedad en el frente.

-Entonces…  ¿de qué se trata Luis?

-Hoy he visto a María.

Se hizo un silencio de esos que asustan al miedo y que nadie es capaz de romper por miedo a traspasar la barrera y caer de lleno en un mundo oscuro, sin retorno. Sonaba en ese momento algo de Coltrane creo, pero hasta el tema dejó de escucharse. Cuatro mudos y una  estatua detrás de la barra era todo lo que había encima de un escenario sin vida.

Arrancó Pablo y empezó la función. Pablo era el cabecilla, y es que en toda panda que se precie tiene que haber uno que sea el que domine la situación por muy delicada que esta parezca.

-Luis ¿estás seguro? Mira que la imaginación puede jugarnos muy malas pasadas…

-Sí, hoy al salir del banco estaba en la esquina de Balmes con Diagonal. Al principio he dudado, pero era ella porque al darse la vuelta me ha sonreído y ha doblado la esquina.

-Y cuando la has doblado tú ya no estaba, a veces pasa- Pablo y su manía de no dejar terminar las frases a nadie…

-No no, cuando he doblado la esquina María se subía en un coche negro que la estaba esperando, un coche de esos que lleva la gente con mucha pasta.

-¿Estás bien Lucas? –Samuel me daba una palmada en la rodilla y se acercaba a mí…

-Sí sí, todo bien- Mi color habría bajado como doce tonos en cuestión de segundos…

No supimos ninguno que decir, de nuevo el silencio. María era la hermana de Luis. Falleció hace seis años en un accidente de coche. María salía por aquel entonces con Pablo, quien conducía el coche en el que tuvieron el accidente. Yo no iba con ellos, pero Samuel sí. Según este  iban discutiendo porque Pablo sospechaba que María se veía con alguien, le recriminaba que ya no estaba tan atenta, que estaba rara, que ya no disponía de tiempo para él y Pablo empezó a ponerse nervioso, a decirle que si quería dejarle que lo hiciera en ese momento, que para qué esperar;  la discusión subió de tono y acabó como suelen acabar estas cosas… Pablo soltó el volante, María intentó agarrarlo como pudo porque tanto ella como Samuel vieron venírseles encima una furgoneta, y a lo que Pablo recuperó el control del volante, ya fue tarde. Todo el golpe se lo llevó el lado del copiloto. El coche se llevó el golpe, el golpe se llevó a María.

-A ver Luis, vamos a serenarnos. Es posible que vieras a María, pero no de esa manera, no en la calle, no me hagas decirte por qué-A Pablo se le llenaron los ojos de lágrimas y rabia, de confusión. Miraba hacia arriba como no entendiendo nada, como quien espera que termine una pesadilla.

Samuel me clavó la mirada y yo bajé la mía, no fui capaz de aguantarla.

Ella se nos aparecía una y otra vez, la veíamos de vez en cuando, y aunque yo solo lo había comentado con Samuel, y aunque Pablo solo me confesó las apariciones a mí, y aunque Luis las compartía con todos, en esa mesa de una u otra manera todos sabíamos que no era la primera vez que ella nos buscaba.

-Esta vez la seguí chicos, no quise rendirme a la posibilidad de que fuera un sueño más.

-¿La seguiste?  –  Samuel estaba con los ojos abiertos como platos y los codos apoyados en sus rodillas escuchando como quien espera el desenlace de una historia de suspense, como quien se niega parpadear en la última página, en la escena  final.

– Sí, la seguí  y di con ella cuando abandonaba el coche de la mano de una niña pequeña de unos cinco o seis años –   Ahí sentí como las piernas se me dormían y un ejército de hormigas me devoraba por dentro. Todos habíamos visto a María después de muerta, pero solo Luis aquella vez la hizo tan real.

Por primera vez en doce años no sonaba nada en “Casa Juan”, Juan había abandonado su esquina y se había acercado a nosotros por primera vez en doce años (Juan sintió mucho la muerte de María).  Me miró y de nuevo bajé la mirada. El bar se convirtió en una estancia fría, muda, húmeda, vieja, con olor a puro, costaba respirar.

-¿Qué le dijiste? ¿Qué te dijo? ¿Qué pasó? Esta vez era Pablo el que exigía los detalles. Siempre se sintió culpable de la muerte de María, nunca superaría el haberla perdido a ella y al que hubiera sido el hijo de ambos. Pablo supo que María estaba embarazada después del accidente. Muchas veces habla de la pérdida de ellos como si hubiera llegado a tener en sus brazos a aquel bebé.

Luis continuó contando…

-Me acerqué a ella y a la niña, pero María no me miró, parecía como si hubiera dejado de estar. Solo la niña estaba. Me arrodillé hasta estar a la altura de sus ojos. Se me acercó y me dijo algo al oído y bajé la cabeza, lloré hasta que no pude más y cuando me incorporé era de noche y ellas no estaban, se habían desvanecido. Pero os puedo jurar que eran reales como la vida misma, que esa niña que se esfumó en el aire olía a la colonia de María y  sentí que nunca más volvería a nuestras vidas. Esa niña me dijo al oído lo que mi hermana llevaba años intentando decirme. Siento que ahora  se ha ido para siempre.

-¿Qué te dijo? – Juan  preguntaba, parecía yo el único que no esperaba un desenlace, y es que a esas alturas de la historia las hormigas me habían devorado hasta el esófago…

-Me dio un mensaje para una persona-

Luis levantó la mirada, clavó sus ojos en los míos y soltó la frase; aquella frase que en un día de esos raros en los que sospechas que algo va a pasar me dejó sin amigos, sin vida, sin respiración, sin valor, sin palabras, hundido en la miseria (que es de color marrón, pegajosa y huele a nada), sin fuerzas para levantar de nuevo la cabeza, sin esófago y sin nada que perder, pero que (ironías de la vida) respondió a las preguntas que tantas veces le hice a ella desde mi soledad…

-“Dile a Lucas que María le amaba de verdad, que él le importaba, que  fue el amor de su vida, que nunca olvidará sus besos, que iba a dejar a Pablo la tarde del accidente, dile que cuidaremos la una de la otra” .

 

-Lucas! Estamos aquí! –Como si  fuera difícil encontrarlos entre tanta multitud, Juan y ellos tres…

-Voy, espera que pillo una birra!-

-Que pasa tío, ¿cómo lo llevas?

-Bien, acabo de despertarme de una siesta de tres horas.

Luis hacía mala cara, pero esta vez no sería yo quien le preguntara. Suficiente dosis de realidad la de mi pesadilla de hoy.

Ahí está Juan, en la esquina de siempre.

-¿Vamos a por unas pizzas y subimos a casa?  – Pablo me coge por el hombro y nos vamos.  Si él  supiera…

6 comentarios

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  1. 39escalones said, on 4 marzo, 2010 at 7:45

    Por un momento he pensado que la cosa iría por “Vertigo”… No estoy seguro de no preferir que la historia hubiera ido por ahí, fíjate, por curiosidad más que nada.
    Ay, estos hombres, cómo son…
    Besos.

  2. todorelatos said, on 5 marzo, 2010 at 9:20

    Buenas Alfredo,
    No hubiera estado mal,no… Un poco simple te ha debido parecer el desenlace… Tomo nota (sonrisa).
    Si es que claro, acostumbrados al suspense del maestro…
    Siento no haberte respondido antes, pero he estado un día de viaje.
    Sí sí…Como son!!jeje
    Besos

  3. Poincaré said, on 17 marzo, 2010 at 22:45

    Comenzé a releer desde el inicio porque se me perdieron los papeles a la mitad…he terminado y aún me quedo impresionado de que Juan conserve esa misma escena en su bar seis años después. Caray!

    Y besos de buenas noches

    • todorelatos said, on 17 marzo, 2010 at 23:05

      Poincaré… Hay cosas que no cambian, y parece que el bar de Juan (Juan incluido) es una de esas cosas… Me alegro de que te gustara, pero… ¿Perdiste los papeles (literal)? O conforme ibas siguiendo la historia… te perdiste a mitad… Mejor saberlo si fue lo segundo (sonrisa).
      Y besos de buenos días

  4. Poincaré said, on 20 marzo, 2010 at 12:54

    Jejeje, no perder los papeles no…los tuve todos en su sitio conmigo. Tampoco que me perdiera a la mitad de la historia sino…que cuando comenzó la parte más dura del argumento me costó asumir que el Pablo que había sentado a la derecha de Luis fuera el mismo Pablo que había sido actor principal en el accidente. Entonces releí para buscar dos Pablos porque se me hacía díficil verles sentados juntos, repitiéndose la escena en la Casa de Juan, y a pesar de que todo hubiera sido tristemente fortuito…

    Besitos de medios días

    • todorelatos said, on 20 marzo, 2010 at 14:51

      jejejjeje… Me alegro de que fuera ese el motivo de tu vuelta al inicio… Ya me extrañaba a mí; y no por el relatillo, sino por el lector… Hay amistades que están por encima de todo, supongo que la de estos dos era una de esas…
      Besitos (por aquí ya de buenas noches)


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