A contra A

Cantando sin lluvia

Posted in CANTANDO SIN LLUVIA by AcontraA on 4 abril, 2010

  “La  lágrima se  lo piensa  mejor al ver  al  fondo  de una calle un local iluminado por una fuerte luz blanca.”

ALFREDO MORENO, Un día en el mundo 

 (CineCuento publicado en el Blog “39 Escalones”)

 

 

 Ahí estaba, Clara, siempre tan bella y tan inalcanzable; eclipsada para todos por su exuberante, y a mis ojos transparente, amiga Paula. Ahí sentada, rodeada de todas aquellas plantas y sentada en aquel banco de piedra, parecía tan frágil y solitaria que hacía que mi deseo por ella creciera y me llevara a soñarla despierto… Siempre pensando en sus cosas, parecía ausentarse de un mundo que había dejado de interesarle. Pero aun con ese halo de ausencia seguía siendo la más interesante de todas ellas. Llegué a aquella universidad hace dos años desprovisto de ansias de enamoramiento, y así continué hasta el segundo curso, en el que Clara se cruzó en mi camino un buen día. Ella provenía del norte; aunque viéndola entre todas aquellas niñatas insulsas, bien podía parecer que perteneciera incluso a otro planeta. Mientras me acercaba  a ella, sabía que aquella mañana sucedería, la miraría a los ojos, ella se levantaría del banco, todo desaparecería, dejaría caer su carpeta al suelo y entonces me miraría y yo la besaría y… En vez de eso me salió un tímido, pero viniendo de mí, más que inconsciente y arriesgado “¿te apetece un cine?” Al que su respuesta fue un “no sé qué decir” convertido en “sí”.

-Puedo pasar a buscarte mañana a las seis por tu casa y…

-Está bien, gracias…

Salí de allí tan rápido como me lo permitieron mis torpes piernas de enamorado impulsivo y llegué a casa con muy poco tiempo, a penas veinticuatro horas, para preparar mi cita con Clara. No tengo unos padres a los que se les haya podido pedir consejos; aunque cierto es, que me dieron unos cuantos bastante útiles, y otros tantos que no me sirvieron de nada. Ni  siquiera tuve un hermano mayor al que confiar mis secretos, y por aquel entonces tampoco se me hubiera ocurrido confesar mi deseo por Clara a los cuatro salvajes con los que compartía piso. Así que me limité a echarme en la cama y pensar en ella, en la camisa que llevaría a la cita, en qué película veríamos, en qué hacer para que aquella fuera la noche más especial de nuestras monótonas y planas vidas… Y pensando en la cama, en clase, en sueños, vamos, sin dejar de pensar en ella, llegaron las cinco de la tarde del día siguiente. Esa hora previa a la que uno nunca se acostumbra y que es inevitable, esa hora de infarto, de intentar retrasar el tiempo cuando falta media hora y de intentar adelantarlo cuando faltan tres minutos, esa hora previa en la que uno desearía que todo hubiera pasado ya, aun a pesar de perderse la cita.  

A las seis de la tarde llegué a su casa; la que compartía con Paula la estupenda y otras tres chicas más. Ahí estaba, esperándome en la acera. Evitándome pasar el trago de llamar a la puerta. Se había puesto una falda y estaba preciosa de verdad, no solo en mi imaginación, no solo para mí, esa tarde estaba bonita para el mundo, para cualquiera que se cruzara con nosotros ella estaría preciosa. Eso reducía mis posibilidades de éxito, porque aquella belleza para todos no era la que tan solo yo era capaz de ver en ella…

No podía creer que hubiera venido, pero ahí estaba, sentada a mi lado, en la butaca contigua a la mía; tan cerca que hasta incluso podía oler su colonia, tan lejos que me sentía obligado a discurrir como acercarme más a ella. Y la película ante nuestros ojos haciendo de nosotros unos títeres de un guión que se apoderaba de nuestras almas. Y de pronto me vi, desde la pantalla. Allí estábamos, ella y yo;  dentro de una escena que nos había absorbido. Y Paula, la exuberante Paula tenía una voz estridente muy acorde con su inteligencia, y Clara la voz de un ángel. Pero de repente Clara abandonó  y volvió de nuevo a su butaca. Volví a recuperarla sobre el escenario en una escena que recordaré mientras viva; en la que  ella se asomó a esa ventana en forma de escalera, y dejó que yo le cantara mi amor e improvisara para ella, ante un decorado que ni siquiera los espectadores pudieron percibir… y continuó ahí arriba, se quedó conmigo, incluso dimos los buenos días a todo aquel público, hasta que la besé y me lancé en solitario a cantar bajo la lluvia, y por primera vez en mi vida, sentí que uno puede dejar que la lluvia le moje estando feliz, estando convencido de que su mensaje ha llegado a oídos de ella y de que ella se ha quedado a su lado para escucharlo… Pero Clara abandonó de nuevo y en las siguientes escenas no quiso acompañarme, y eso que yo seguí ahí dentro imaginándomela… Y pensé que era su momento, que subiría cuando  abrimos  el telón para ella, pero no, siguió ahí sentada incluso cuando apareció  nuestro cartel de fondo… Esa escena también la abandoné y me senté de nuevo al lado de ella buscando una mirada o una señal que me confirmara que no era todo aquello un sueño… Y no la hubo, pero sí que sucedió algo inesperado. La falda de Clara, que por la tarde era de un color pálido, se había teñido de rojo. Mi camisa era azul y mi chaqueta de pana marrón estaba llena de cuadros azules sobre un fondo blanco, y sus zapatos eran verdes. Y al abandonar la sala todo seguía igual, todo color sobre el blanco y negro de nuestras vidas, por unos minutos fuimos los protagonistas de nuestras escenas.  

La dejé en su casa y al emprender el camino de vuelta a la mía eché de menos la lluvia; y al cerrar la puerta de mi dormitorio salté, di vueltas y me dejé caer sobre la cama con una sonrisa de cine clavada en mi rostro.

Desde esa noche vamos de sala en sala buscando historias que nos hablen de nosotros, que la transporten a mundos en los que es la estrella que merece ser, y en los que brilla con luz propia. Con la luz que tan solo yo soy capaz de ver pero que se hace visible para ella en cuanto se sienta frente a una pantalla… A veces nos perdemos el uno al otro, y eso no hace sino crecer nuestro deseo de estar juntos, a veces somos infieles; y esos días no son buenos… A veces sonreímos y disfrutamos, incluso hemos llorado, pero espero que llegue aquella escena en la que Clara no vuelva a su asiento después de besarnos… Mientras tanto seguiremos buscando sala tras sala, película tras película…

2 comentarios

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  1. 39escalones said, on 5 abril, 2010 at 6:54

    Muy hermoso. No te negaré que el cine a veces también tiene mucho de eso.
    Gracias mil.
    Besos.

    • todorelatos said, on 5 abril, 2010 at 8:57

      Gracias mil a ti, de no haber leído “Un día en el mundo”, no habría nacido este relatillo… Me alegra mucho que te haya gustado.
      Besos


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